Obesidad y baja autoestima

La obesidad suele ser causa de un rechazo de la persona por su aspecto físico y de la aparición de autocríticas destructivas y pensamientos negativos de culpa e incapacidad, lo que conduce a que la persona tenga una autoestima baja.

La persona obesa siente que su físico condiciona sus capacidades en muchos aspectos de la vida. Algo que puede parecer tan sencillo como elegir qué ponerse por la mañana puede resultar una pesadilla para la persona obesa. Hay prendas que ya no le valen, todo le sienta mal, la ropa le queda tan apretada que le hace daño… Mirarse al espejo comprobando que no hay nada que le haga sentirse a gusto es una tarea diaria que puede minar la autoestima de cualquiera.

Comprarse ropa puede resultar otra pesadilla. Resulta tan difícil encontrar talla que la persona obesa tiene que acabar mirando en qué ropa cabe en lugar de cuál le gusta. Aceptar que tienes que acudir a una tienda de tallas especiales supone una vergüenza y un nuevo golpe para la autoestima.

La persona obesa termina por evitar mirarse en los espejos más de lo estrictamente necesario, evitando su reflejo en los cristales… Intenta negarse a sí misma el aspecto que tiene, diciéndose que no le importa… Cuando no puede evitar verlo, puede herirse a sí misma de forma cruel con pensamientos negativos e insultos. Todo esto supone un doloroso castigo a la autoestima con el que la persona obesa convive día tras día.

Además de esto, la persona obesa puede verse incapacitada para realizar actividades como practicar algún deporte, salir a dar largos paseos, llegar a algún sitio que tenga muchas escaleras… Si la obesidad es tan importante como para impedirle realizar algunas tareas diarias (atarse los zapatos, vestirse solo…) y tiene que solicitar la ayuda de otra persona, se sentirá incapacitada.

La vergüenza que algunas personas obesas sienten por su aspecto físico puede impedirles realizar actividades que les gustaría realizar, como salir a bailar o ir a la playa. Intentarán engañarse, buscar excusas, decir que en realidad no les apetece, pero su calidad de vida, su autoestima y su felicidad estarán sufriendo duros golpes.

La solución a todos estos problemas de autoestima no es fácil pero pasa por aceptarse a uno mismo de manera total, comprender cómo somos y dejar de rechazarnos. Sólo una vez que nos conozcamos a nosotros mismos, con nuestras virtudes y defectos, y dejemos de rechazarnos y empecemos a querernos, estaremos en el camino adecuado para efectuar los cambios necesarios para mejorar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra calidad de vida.