Hábitos alimentarios saludables

Como ya hemos explicado, las causas por las que engordamos, dejando aparte componentes psicológicos, médicos o sociales, son muy sencillas de entender, ya que responden a unas simples leyes matemáticas. Si ingerimos más calorías de las que gastamos al día, las almacenamos en forma de grasa, lo que nos lleva a ganar peso y conduce a la obesidad. La manera de invertir este proceso consiste, por tanto, en ingerir menos calorías y gastar más, de manera que todos los días le dejemos a nuestro cuerpo unos cientos de calorías “a deber”. Esto hará que vayamos reduciendo nuestro peso.

¿Cómo se consigue esto? Lo primero es cambiar los hábitos alimentarios que tenemos en la actualidad por otros más saludables. Hay varios puntos a tener en cuenta:

  • Nuestra alimentación debe ser equilibrada: No se trata de alimentarse de lechuga. Nadie puede soportar una dieta excesivamente dura durante el tiempo suficiente para que los resultados se noten y se mantengan en el tiempo y, además, no son saludables. Nuestra alimentación debe incluir vitaminas (en forma de vegetales y frutas), hidratos de carbono (pan, cereales, arroz, pasta, patatas…) y proteínas (carne, huevos, pescado, lácteos). Lo único que debemos restringir es el aporte de grasas y azucares
  • La manera de cocinar es importante: Cuanto más limpia sea la forma de preparar nuestros alimentos, más bajaremos de peso. Intenta consumir la mayoría de los alimentos cocidos o a la plancha y evita la utilización de aceites y harinas todo lo posible. La fruta es mejor consumirla entera que en zumo. Las propiedades son las mismas pero resulta más saciante. Limita también el consumo de sal, ya que retiene líquidos y eleva la tensión.
  • Realiza varias comidas al día: Hay gente que opina erróneamente que si sólo realiza una comida diaria, le resultará más fácil adelgazar. Con esto lo único que se consigue es que el cuerpo intente ahorrar hasta la próxima comida, reduciendo nuestro nivel de actividad, por lo que estaremos más cansados y de mal humor, tendremos menos energía y nos moveremos menos y aumentará la probabilidad de que piquemos entre horas. Distribuir las comidas en varias tomas ayuda a regular el organismo y evita que caigamos en las tentaciones.
  • Hacer dieta no es sinónimo de pasar hambre: Erróneamente mucha gente se empeña en sufrir, pensando que cuanto más restrictiva sea la dieta, más resultados logrará. Realmente, si la dieta es adecuada y está bien diseñada, la persona no debería pasar hambre. Al contrario, al estar mejor alimentado (ya que consume la energía necesaria bien distribuida y toma nutrientes importantes que antes no estaban presentes), la persona debería sentir MENOS hambre que antes.
  • El líquido también importa: Es importante consumir líquido, al menos dos litros al día, ya sea en forma de agua, zumos, lácteos… Como hemos enseñado al cuerpo a ignorar nuestras señales internas, a veces confundimos la sensación de sed con la de hambre. Nuestro cuerpo nos está diciendo que está deshidratado y nosotros le metemos más azucares. Por ello, es importante que, ante la primera sensación de hambre, probemos a bebernos un vaso de agua y esperemos un tiempo, ya que a veces con este simple gesto, conseguimos evitar una ingesta innecesaria.
  • Intenta eliminar todos los refrescos con azúcar y gas: Son calorías vacías que no te ayudan en nada. Te propongo un sencillo ejercicio que puede ayudarte a ver la importancia de esto: apunta en un papel el número de batidos, refrescos, zumos azucarados y demás líquidos que ingeriste ayer y consulta las calorías en los envases. Te sorprenderá la cantidad de calorías que podrías haberte ahorrado cambiando eso por agua.
  • Come despacio, masticando bien los alimentos e intenta estar atento a las sensaciones de saciedad que te envía tu cuerpo. No es necesario acabar con todo lo que hay en el plato, por muy bueno que esté. Mientras aprendes a detectar y escuchar esas señales de saciedad, prueba a servirte la comida en platos más pequeños.
  • Intenta prestar toda tu atención a la comida: No comas delante de la tele o del ordenador, ni piques mientras haces cualquier otra cosa. El acto de comer debe ser como un ritual. Sólo debes comer en tu sitio y a las horas marcadas. Así evitarás introducirte un montón de calorías sin apenas darte cuenta.