Las dietas milagro

Todos hemos escuchado o leído (y por desgracia probado), alguna dieta milagrosa que nos promete adelgazar de manera rápida y fácil. Hay muchísimas de estas dietas en libros, revistas o Internet y muchas de ellas nos son recomendadas por personas conocidas y de confianza, que nos dicen que la están haciendo y que les va de maravilla. Entre las más típicas podemos encontrar:

  • Dietas de consumo de líquidos: Consisten en consumir muy pocas calorías, manteniendo a la persona prácticamente a base de líquidos. Una de las más conocidas es la de la sopa quemagrasas. Este tipo de dietas son muy peligrosas, ya que pueden causar estreñimiento, fatiga, náuseas, diarreas, pérdida de cabello y hasta la muerte.
  • Dietas altas en fibra: Se caracterizan por contener muy pocas calorías y mucha fibra, que al no poder ser absorbida, se elimina. Sin embargo, puede acabar causando estreñimiento y deshidratación.
  • Dietas basadas en un solo alimento: Hay muchas de este tipo (dieta de la piña, del pomelo, de la alcachofa…). Al basarse en un solo alimento no proveen al cuerpo de los nutrientes necesarios para mantenerse sano.
  • Dietas altas en proteínas: La más famosa es la dieta Atkins. Se basan en no consumir hidratos de carbono y alimentarse sólo de proteínas (carne, huevos, pescado, lácteos…). Estas dietas descontrolan el funcionamiento del cuerpo en cuanto a la obtención de energía y provocan que se formen grupos cetónicos, que pueden dañar los riñones e incluso conducir a la muerte.
  • Productos adelgazantes: La mayoría de ellos no tiene ningún efecto probado y algunos de ellos pueden resultar peligrosos. Los fármacos para perder peso sólo deben ser recomendados por el médico y usarlos en el contexto de una dieta saludable, ya que no surten efecto usados por sí solos.
  • Cremas reductoras/anticelulíticas/adelgazantes: Todos los expertos señalan que no tienen efectos probados y que para que hiciesen lo que prometen, sería necesario que elevasen nuestra temperatura corporal varios cientos de grados, lo que resulta científicamente imposible.
  • Todas estas dietas tienen efectos secundarios, algunos de ellos graves, y no deberían utilizarse nunca a no ser que un médico las recomiende y controle por un caso en el que se necesite bajar peso de manera muy rápida (como tener que someterse a una operación).

Además, este tipo de dietas, al ser tan restrictivas, no pueden mantenerse el tiempo suficiente como para que resulten eficaces y, en cuanto se abandonan, se vuelve a recuperar rápidamente el peso perdido (en el 95% de los casos se produce el efecto rebote). Otros problemas asociados a este tipo de dietas son los siguientes:

  • Carencia de vitaminas y minerales.
  • Tras el periodo de restricción, nuestro cuerpo quiere recuperar los nutrientes perdidos haciéndonos comer más, por lo que nuestra sensación de hambre será mayor y cogeremos aún más peso del que hayamos perdido.
  • Los kilos que se pierden con estas dietas se deben a la perdida de líquido y masa muscular, no a la disminución de nuestra grasa corporal.
  • Este tipo de dietas aumentan las probabilidades de sufrir enfermedades graves como enfermedades coronarias, diabetes, cáncer, fallo renal y hepático y osteoporosis.

Todos los expertos están de acuerdo en que la única manera saludable y eficaz de bajar de peso consiste en la adquisición de unos hábitos de vida saludables, tanto en alimentación como en actividad física, mantenidos a largo plazo.