Obesidad y discriminación

La sociedad ha marcado un ideal de belleza que lleva emparejada una serie de características sociales y psicológicas deseables. A la persona delgada, bella y atlética se le supone también una gran fuerza de voluntad, un fuerte autocontrol, una disciplina férrea, una capacidad de luchar por sus metas… Por el lado contrario, se supone directamente que las personas obesas carecen de dichas capacidades y que son indolentes, faltos de la fuerza de voluntad y disciplina suficientes para emprender cualquier empresa, ya que si la tuviesen, no estarían gordos.La gente ha aceptado este tipo de prejuicios y muchas veces se utilizan para discriminar a las personas obesas de forma inconsciente.

Ya desde la escuela los niños obesos no suelen estar entre los más populares. Diversos experimentos han demostrado que los profesores suelen esperar mejores resultados académicos, prestar más atención y valorar mejor a los estudiantes más agraciados. Aunque realicen esta discriminación de forma inconsciente, quizá debería hacerse hincapié en la manera de tratar a los niños por su físico, para que pudieran hacer un esfuerzo consciente que evite este tipo de distinciones.

Siguiendo en el campo educativo, los niños obesos suelen ser también discriminados a la hora de practicar juegos físicos, realizar deportes o participar en las clases de educación física. Su bajo rendimiento, las burlas que pueden provocar o el rechazo de sus compañeros a la hora de ser elegidos para un equipo suelen hacer que los niños obesos acaben aborreciendo las actividades físicas y los deportes y dejando de practicarlos por completo, cuando son precisamente ellos los que más podrían beneficiarse de la adquisición del hábito de realizar deporte de manera continuada. Convendría sensibilizar a los profesores de educación física sobre este tema y crear programas orientados a paliar esta enfermedad desde los primeros años.

Una vez en el mercado laboral, las personas obesas siguen siendo discriminadas. Hay trabajos que directamente no son accesibles para personas que no tengan un físico que se adecue a las imposiciones sociales actuales. Además, según los prejuicios señalados en el primer párrafo, las personas delgadas son mejor evaluadas en las entrevistas de trabajo y su desempeño en el puesto suele estar mejor valorado por el solo hecho de ser agraciadas físicamente.

Hay muchos otros ambientes en los que las personas obesas pueden ser discriminadas, desde las dificultades para encontrar ropa que puedan ponerse y que les resulte cómoda sin tener que pagar precios abusivos, hasta la decisión de algunas compañías aéreas de cobrar doble a las personas obesas que viajen en sus aviones, aduciendo un gasto extra de combustible. A pesar de que, como hemos dicho, la mayoría de estos prejuicios son inconscientes y no existe una voluntad de discriminar, el daño que se produce en las personas obesas que lo sufren es real y puede disminuir sus posibilidades académicas, sociales, laborales… Por todo ello, debería plantearse un cambio educativo encaminado a que la sociedad se haga consciente de esta realidad y trabaje para cambiar su comportamiento hacia las personas obesas