La frustración de no obtener resultados inmediatos

La primera semana de dieta suele resultar muy agradecida. A pesar de que lo hayamos pasado mal, que hayamos estado ansiosos y enfadados, la báscula suele marcar entre dos y cuatro kilos de menos, lo que hace que pensemos que todo el sacrificio ha merecido la pena y que empecemos a realizar cálculos irreales, según los cuales en unos meses habremos conseguido nuestro objetivo.

El problema radica en que esa repentina perdida de peso y volumen de la primera semana se debe a una reducción de los líquidos que teníamos retenidos. Una vez eliminados esos líquidos sobrantes, empezamos a reducir la grasa corporal acumulada. Es aquí donde realmente estamos consiguiendo una reducción de peso efectiva, pero los resultados no son tan rápidos ni motivadores. De hecho, se calcula que no es sano reducir más de medio kilo semanal como promedio, además de ser la única manera de evitar el efecto rebote.

El problema surge cuando empezamos a ver que sólo perdemos ese medio kilo semanal, algunas semanas sólo unos cientos de gramos, otras ninguno… Incluso, en ocasiones, debido a diversos cambios en el organismo que nos hagan retener líquidos (como los días previos a la menstruación o por la toma de algunas medicaciones) podemos subir de peso en lugar de bajarlo. Esos resultados negativos pueden ser muy desmotivadores, ya que nos da la impresión de que, después de todo el sacrificio realizado, no ha merecido la pena. Mucha gente, después de obtener esos resultados un par de semanas, piensa que nunca lo conseguirá y abandona la dieta, sintiéndose frustrado y fracasado.

Estas sensaciones de frustración se pueden evitar si, desde el momento en que comenzamos una dieta, cambiamos ciertas concepciones erróneas:

  • La dieta no es un sacrificio, es nuestra nueva manera de alimentarnos de manera saludable. No debemos interpretarla como un castigo temporal y, por ello, no debemos abandonarla, tanto si da resultados como si no. Con este punto de vista no nos frustraremos y veremos como, dándole el tiempo necesario, conseguimos resultados positivos.
  • Nuestro metabolismo va bajando a medida que vamos reduciendo peso, por lo que, si vemos que durante un par de semanas nos hemos estancado, debemos reducir las calorías ingeridas o aumentar nuestra actividad física.
  • La meta que nos hayamos marcado a largo plazo no debe obsesionarnos. Si necesitamos bajar cuarenta o cincuenta kilos y nos parece imposible, olvidémonos de esa meta. Debemos concentrarnos en el medio kilo de esta semana, que es un objetivo accesible y, por tanto, motivador.